Jueves, 16 Febrero 2012 00:00

LAS DIFERENTES EDADES DE PAMPLONA SIGUIENDO LAS ORILLAS DEL PARQUE FLUVIAL

Desde 2009 y después de 25 años de estudios y ejecuciones de obras, la ciudad de Pamplona disfruta de uno de los recorridos más interesantes de España, al integrar de manera armoniosa naturaleza, historia y desarrollo urbano e industrial.

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Desde 2009 y después de 25 años de estudios y ejecuciones de obras, la ciudad de Pamplona disfruta de uno de los recorridos más interesantes de España, al integrar de manera armoniosa naturaleza, historia y desarrollo urbano e industrial. Pasear por el Parque Fluvial es un regalo para los sentidos y una oportunidad para descubrir cómo el hombre ha conseguido adaptar los cauces de los ríos a su vida y necesidades.

El Parque Fluvial se extiende a lo largo de 800.000 m2 que transcurren en 17 kilómetros lineales de las orillas de los ríos Arga, Elorz y su afluente Sadar. El desarrollo de este entorno natural, teniendo como premisa el respeto de los cauces y de la flora y fauna que ellos habitan, comenzó a vislumbrarse en 1984. En aquella época la población que habitaba en Pamplona ciudad y sus inmediaciones había experimentado un gran crecimiento demográfico e industrial, dejando su impronta en las ribera que atravesaban o bordeaban los núcleos urbanos.

A pesar de conocer las necesidades por recuperar y sanear el entorno fluvial, hubo que esperar hasta 1998 y la aprobación del Plan Integral del Arga, para corregir el mal uso que se había hecho hasta entonces. Tanto este proyecto, como el Plan Integral de los Ríos de Pamplona que terminó en 2009, han sido financiados en un 20% por el Ayuntamiento de Pamplona y el 80% restante proviene de los Fondos de Cohesión Europeos FIMMA. Ambas ayudas han devuelto a los ríos el protagonismo que se merecían,  en donde el estrés y la contaminación típicos de las ciudades se disuelven. 

Tras años de trabajo y labores como desbroce, saneamiento, creaciones de nuevos paseos y parques naturales, reforestación, renovación de elementos arquitectónicos como antiguos molinos, embarcaderos o pasarelas, ahora el visitante del Parque Fluvial puede entender y sentir realmente, ya sea a pie, en bicicleta o en piragua, las ventajas que aporta el hábitat acuático cuando se convive con él.

De puente a puente

El recorrido por el Parque Fluvial puede dividirse en dos tramos, dependiendo del río que marque el camino. En el caso del tramo que transcurre a través del Arga y que tiene una longitud de 11 kilómetros, el visitante se encontrará con una gran variedad de contrastes al hallarse a veces dentro del casco urbano de la ciudad y en otras ocasiones, bordeando las huertas de la Magdalena y diferentes localidades de la Cuenca como es el caso de Burlanda o Zizur Mayor. 

     

Pero lo que sin duda llama la atención son los numerosos puentes que habrá que atravesar para seguir el transcurso del río. En el caso del Arga, su paseo agrupa 13 y en ellos se puede observar la evolución de las civilizaciones que han habitado en Pamplona y cómo han dejado su huella a través de estas construcciones y las historias que en ellos se recogen.

Por poner algunos ejemplos, el Puente de San Pedro puede que sea uno de los más longevos de la ciudad. Se estima que el aspecto del que está dotado actualmente se debe a una reconstrucción realizada durante la Edad Media, pero su origen data de la época romana. También es posible que se levantara durante el periodo romano, el puente de Miluce, cuya leyenda lleva reflejada en el nombre. La tradición popular cuenta que en abril de 1351 varios caballeros fueron ahorcados en el lugar por negarse a pagar impuestos, convirtiendo su acto en una traición contra el rey Carlos II, El Malo. De ahí sus ‘lenguas largas’, traducido al euskera ‘mihi luze’. Sobre este lugar también existe otra versión que defiende que ya se denominaba así, antes de los ahorcamientos y argumenta el origen de su nombre al topónimo vasco ‘amil luze’, que en español puede traducirse como precipicio largo.

En el tramo que recorre el río Elorz y el afluente Sadar, 12 puentes darán la bienvenida al visitante de manera intermitente. Curiosamente al Sadar se le denomina también como ‘el río al revés’ debido a que lleva más caudal al principio que al término de su trazado. Atravesando su cauce se encuentra el puente de Acella Landa, que desde hace siglos ha supuesto el inicio del Camino de Santiago para los peregrinos que salían de Pamplona.

La vida en el parque

A lo largo de los 17 Kilómetros que supone el recorrido completo el visitante no sólo descubrirá puentes, pasarelas o presas. La fauna y vegetación que se ha recuperado y actualmente forma parte de las riberas es otro de los encantos de la visita de este parque.

En lo que a animales se refiere, destaca la gran cantidad de aves que habitan en el lugar, por lo que es un sitio idóneo para los amantes de la ornitología. Alguna de estas especies son las garzas reales, el petirrojo europeo o el reyezuelo listado, aunque la lista asciende a más de 50 familias diferentes. También a lo largo del paseo es posible encontrarse con reptiles, tortugas o galápagos y murciélagos.

En las inmediaciones de los cauces se agrupa toda una gran variedad de flora. En las orillas del Arga, la vegetación natural ha sido sustituida por mimbreras, zarzales e hileras de árboles riparios y otras especies autóctonas como es el caso de fresnos, sauces, alisos, tilos o endrinos. También se han sustituido choperas de repoblación, que estaban creadas con fines madereros y que no se adaptaban con facilidad a las condiciones fluviales. Aunque se sigue manteniendo algunas zonas agrícolas a modo de huertas y granjas, que pueden observarse desde el paseo. 

Lo que años atrás parecía un sueño, en la actualidad y con los diferentes planes de saneamientos que desde hace más de 20 años se han llevado a cabo, convierte la actividad de la pesca en algo real.

A medida que vamos descubriendo diferentes parques, observamos que cada uno guarda entre sus caminos y paseos características que los hacen únicos, más allá de la vegetación y fauna que guardan. Así, el Parque Fluvial de Pamplona invita a la reflexión y a observar cómo el siglo XIX y la concienciación social con respecto al medio ambiente sirve para devolver el esplendor de antaño a zonas deterioradas, ofreciendo al visitante el encanto de lugares milenarios, con otros nuevos que destacan por su accesibilidad y reconcilian a las ciudades industriales y a sus habitantes con el entorno natural en el que habitan.

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