Jueves, 06 Octubre 2011 00:00

NATURALEZA, SINFONÍA DE COLOR

"En la literatura de todos los tiempos y en el arte medieval, por ejemplo en la Catedral Notre Dame de París, se ha representado a la naturaleza como un libro, abierto o cerrado según nuestra capacidad de interpretar su manera de comunicarse. Un lenguaje que para la razón es pura matemática, como diría Galileo Galilei, y que para la sensibilidad es una expresión donde prima el color.



La geometría de las formas, por ejemplo, en la disposición de espacios en la arquitectura, nos ubica frente a la realidad.



Pero es el color el que marca nuestra afectividad y modifica nuestro componente emocional. Además, la primera sensación, la que primero llega a nuestra conciencia es la de la vista, y dentro de ésta, el color antes que la forma."

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Arte y color

En las técnicas publicitarias actuales el primer indicativo es el color: la distribución de zonas de un edificio, los tipos de combustibles que usamos para nuestro vehículo, los identificadores de un cableado eléctrico, el símbolo, el color corporativo de un logotipo, etc. Esta característica es la que abre antes la puerta de nuestra sensibilidad y por ello, es de vital importancia en todos los ámbitos de nuestra vida.



En el arte antiguo los diferentes colores indicaban la presencia de los diversos estados ‘tatvas’, les llamaban en la India, o vibraciones emocionales en el alma de la naturaleza; o bien formaban un código de encriptación de ocultos significados que ahora los estudios de iconografía y simbología religiosa están intentando descifrar, por ejemplo en los Jeroglíficos Egipcios; o bien un código silencioso conocido por todos, independientemente de la lengua que

hablasen, como sucede en la heráldica medieval.



En el arte azteca, en el budismo mahayana y en el taoísmo chino, los dioses o los estados de la naturaleza son representados por cinco colores: blanco, amarillo, rojo, verde y azul, o negro. En la India ésta misma naturaleza es identificada como una cabra tricolor en rojo, blanco y negro, y cada uno de estos colores simboliza, de un modo vivo, las tres tendencias o cualidades, que rigen todo cuanto está manifestado en el mundo.

Cada color un significado

El color rojo es el exceso, el color pasional y creador, la cualidad ‘rajas’ o activa que representa al dios Brama. La cualidad ‘tamas’ es figurada como el color negro, que simboliza al dios Shiva, y como tendencia, significa la inercia, la destrucción, la pasividad, la quietud y la composición. El blanco está asociado al amor y la sabiduría, el poder de conservación: esta tendencia y color, símbolo vivo de lo puro y luminoso significa la justa medida, la armonía, la acción por

deber, el ritmo y el equilibrio.



La misma filosofía hindú dice, como la azteca, que la vida es una galería de pinturas, de sucesión de hechos que tantas veces no podemos evitar, pero que nosotros coloreamos con estados de alma o colores deslucidos, oscuros o vivos y luminosos. Dice también que nuestro pasado es un laberinto de imágenes inmóviles, teñidas por nuestra emotividad y que desde el inconsciente, presiona y modifica nuestra visión e interpretación del mundo. En otros textos

identifican la vida, y la naturaleza entera, como un tejido multicolor donde cada hebra -como en el mito de las Parcas griegas o las Nornas germánicas, de un color- es uno de los hilos de

nuestro destino.



Hay un componente cultural en el lenguaje y el uso de los colores, y cada pueblo codifica de un modo u otro el significado de éstos: el color del luto es el negro en Europa y, sin embargo, en China es el blanco. Pero es evidente que cada uno provoca un estado emocional y que incluso amplifica o retarda una función biológica, aumentando o disminuyendo, por ejemplo, las pulsaciones cardíacas.



Esto tiene un valor universal, es un código de la naturaleza misma, no es convencional, forma parte del lenguaje de la vida, de sus leyes inmutables. Si apuramos la metáfora, siguiendo antiguas tradiciones herméticas y platónicas, es un lenguaje en que sus vocales son colores puros (principios de vida, alientos divinos) y las consonantes son las formas, los arquetipos de construcción que usa esta naturaleza.



Cuando filósofos como Ortega y Gasset o Miguel de Unamuno dicen que cada paisaje es, en el fondo, un estado del alma, es por cómo en él están tejidas las formas y los colores, y la

vibración que éstas imprimen en el alma. Hay colores que inspiran y descansan el alma, como el azul del cielo, que sugiere lo infinito; otros como el rojo excitan, son como un fuego que quema.



Otros que crean confianza, como el amarillo del sol; otros como el verde, con su infinidad de matices, detienen en él nuestra conciencia, pero señalan un límite: Goethe en su 'Teoría de los Colores' dice que “el ojo y el ánimo descansan en este (color) compuesto. No se quiere pasar más allá y no se puede tampoco”. Por ello, dice que este color se usa en los decorados de una

sala de estar.



Sabemos de la vida de una estrella por el color que presenta, los elementos químicos que en ella hay por los colores que fueron absorbidos del espectro de luz, medimos la temperatura de

una llama o de un metal candente por los bellísimos colores que irradian; durante la noche priman los no son sólo grises, sino que tienden, como dijo Goethe, al azul. Los dedos de rosa de la aurora nos despiertan a la vida y al día como una madre amorosa. El sol sangra con sus

tintes bermejos en el crepúsculo y muestra su exhuberancia, alegría y poder en la luz amarilla del mediodía



En la lejanía las montañas se tornan azules el cielo, precisamente azul, un color en el que todo se hace serenamente distante; el blanco de las nubes es una promesa del agua que esconden y que va a fertilizar la naturaleza.

Las mismas flores con la geometría cónica de sus pétalos y la viveza de sus colores no sólo atraen a las abejas que las van a polinizar, sino que, según ciertos estudiosos, sirven -geometría y color- como pantallas radar que atraen con sus vibraciones, la energía asociada a las formas y a los colores, ciertos rayos cósmicos que, procedentes del cielo estrellado, son necesarios para la Alquimia de la Vida.



A la vista de algunos paisajes y la sinfonía de colores que nos ofrece no cabría más que decir que ese día fue cuando Dios cerró la caja de las pinturas.



 

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